Te vas sin decir nada,
varado esperaré que me abraces para jugar con la olas.
Con la luna reflejada sobre las viajeras aguas
y las estrellas como guía,
esperaré a que el fugaz soplido del viento
me haga devorar el mar.
Hay veces que amanezco con mi corazón aun húmedo
y escucho a lo lejos ese mar lejano.
Mientras, seguiré esperando a que regrese la marea.
